La situación por la que atraviesa España me avergüenza y llena de oprobio. ¿Era esto la democracia? Toda una cohorte de partidillos, que en la mayoría de los casos no suman seguidores ni para abrir una peña cultural o un casinejo de pueblo, ponen en almoneda su voto al mejor postor, y lo mismo que ayer apoyaban las tesis liberales, hoy se les puede observar de la mano de esta izquierda anacrónica que nos gobierna, enarbolando sin sonrojo las banderas de la insurrección, el populismo y la demagogia. En ese proceso ignominioso de trueque y chalanía, la consecución de fines bastardos ha sumido a diez millones de ciudadanos en el silencio y el desamparo. Cualquier propuesta elevada desde la oposición que trascienda de cambiar la marca del agua mineral que se sirve al orador de turno, se verá sistemáticamente frenada por el voto en contra de estos minifundistas cuya única aspiración es conservar la sal y la pernada. Democratacristianos, protohistoriadores y bárbaros se aferran con uñas y dientes al escaño olvidando promesas y programas con tal de mantener en el bolsillo sus treinta monedas de plata. Todos estos tribunos de guardarropía brujulean por San Jerónimo como Rinconete por Sevilla, convirtiendo el altar del pueblo en casa de mercado. ¿Cuántas comparecencias solicitadas se han denegado? ¿Cuántas propuestas archivadas? ¿Cuántas explicaciones desoídas? Mientras parcelan nuestra nación, asistimos silentes e inoperantes a la trágica subasta. Están elevando a los altares a los hijos de la serpiente y todos aplauden temerosos de quedarse sin el nuevo hábito. Patria mía, la sed reseca tus campos y el fuego abrasa tu piel de toro. ¿Qué mal hiciste? Sufre y calla. Y duerme. Resiste en letargo este duro invierno. Ellos, como Gestas, no saben que serán condenados dos veces cuando el sol apunte por el horizonte. Mis respetos, y hasta pronto. En la calle nos vemos.
La cita: Ningún hombre es lo suficientemente bueno como para gobernar a otro sin el consentimiento de éste. (Abraham Lincoln)