"EL MALINCHISMO"

Por In memoriam - 14 de Julio, 2006, 0:33, Categoría: General

Sobre el origen de la Malinche existen controversias. Bernal Díaz del Castillo, en su "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España", la dice hija de un cacique de Penyala, entregada por sus padres a unos indios de Xicalanco y, por estos, a los de Tabasco. Por el contrario, tanto López de Gómara como Fernández de Oviedo afirmaban que era natural de Viluta, cerca de Jalisco, hija de padres ricos, y que fue secuestrada por comerciantes para su venta como esclava. El dominico Bartolomé de las Casas opina que fue vendida y, pasando de mano en mano, fue a parar a Tabasco. Lo cierto es que a la llegada de Cortés, el cacique tabasqueño entregó veinte indias bien seleccionadas como regalo para los capitanes españoles. De entre ellas, Cortés eligió a la llamada Malintzin, pero no para sí, sino que se la cedió a su amigo Alonso Hernández Portocarrero. Tiempo más tarde, Portocarrero hubo de regresar a España, tomándola entonces Cortés como barragana oficial y encontrando de verdadera utilidad su dominio del nahua, lengua de los culúas, los mexicanos del imperio de Moctezuma. En 1519, Hernán Cortés arribó a la isla de Cozumel, en la costa oriental de la península de Yucatán, donde rescató del cautiverio a Jerónimo de Aguilar, preso de los indígenas desde el naufragio de la expedición de Nicuesa ocho años antes. En ese tiempo, Aguilar había aprendido la lengua maya-quiché, razón por la que el extremeño lo enroló en su tropa en calidad de intérprete. Resultó pues de provecho la presencia de la Malinche al facilitar las relaciones con las tribus que encontraba en su camino a Tenochtitlan, la capital azteca situada en el valle del Anáhuac, ya que actuaba de traductora del nahua al maya, y Aguilar, de esta lengua al castellano. Se bautizó con el nombre de Marina y, desde el primer momento, para los españoles fue doña Marina, lo que resulta sorprendente pues ninguno de ellos, incluido el mismo Cortés, tenían el don como tratamiento. Los conquistadores entendieron las instituciones de los mexicanos en términos de las propias y siendo la Malinche "gran cacica e hija de grandes caciques y dueña de vasallos" resolvieron que una señora no dejaba de ser señora por muy india que fuese, y si en España las de su condición eran señoras, allí también. Su figura solo cobró relevancia histórica mientras estuvo al servicio de Hernán Cortés, al que, dicho sea de paso, siempre manifestó gran agradecimiento a pesar de que este prescindió más adelante de sus servicios, los íntimos y los de traductora, entregándosela a Juan de Jaramillo, con quién se casó y creó una familia; por cierto, de Cortés tuvo un hijo al que dieron por nombre Martín, curioso gesto del conquistador pues ya tenía uno con su legítima, Juana Zúñiga, al que había puesto dicho nombre en honor a su padre, Martín Cortés de Monroy. No volveremos a tener noticias de doña Marina, aunque hemos de suponer que murió joven ya que existen documentos en los que su marido, Juan de Jaramillo, se dispone a contraer nuevas nupcias. Doña Marina no solo ayudó a Hernán Cortés contra sus enemigos, sino que le sirvió lealmente como asesora en todo tipo de cuestiones relativas a las costumbres de aquellas tierras. Esta labor de colaboración con los conquistadores europeos ha dado origen a una profunda dicotomía en la opinión de la sociedad mesoamericana, oponiéndose quienes ven en Malintzin el arranque de su actual cultura con aquellos otros que la consideran una taimada que aprovechó la ocasión de traicionar a su pueblo. Esto último ha alumbrado un adjetivo en el habla popular, el malinchismo, que sirve para calificar a aquellos que prefieren lo extranjero frente a lo nacional. Particularmente, opino que como neologismo quizás sea aceptable el término, pero desde un punto de vista humano es totalmente injusto acusar a doña Marina de traicionar a su pueblo cuando en la época de los hechos no existía como tal la nación mexicana; es más, su colaboración con el español le sirvió para vengarse del trato recibido de los mayas, quienes desde la más alta sociedad azteca la habían arrastrado al grado de esclava. Yo me inclino a pensar que los mexicanos no han hecho sino volcar en esta india sus filias y sus fobias hacia el conquistador. Don José Luis Martínez, magnífico especialista mexicano en Cortés, autor de una biografía sobre el personaje que se publicó en 1993 auspiciada por el Fondo de Cultura Económica de la UNAM, afirma que "la figura de Hernán Cortés despierta en los mexicanos reacciones extremas: la exaltación o el rechazo absoluto"; si lo analizamos, una actitud totalmente similar con la que enjuician a la Malinche.     

La cita: Si odias a alguien, odias algo en él que es parte de ti mismo. Lo que no es parte de nosotros mismos no nos produce ese sentimiento. (Herman Hesse)  


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