Un amigo que tiene hijos en edad escolar me pone al corriente de ciertos comportamientos que se siguen en el centro donde cursa sus estudios la mayor de ellos. Reconozco mi desconocimiento de las actividades que se desarrollan hoy día en institutos y colegios, pero, obligándome a salir de esta inopia, las noticias me han dejado estupefacto. Es práctica habitual –me cuenta- que los niños entreguen en su primer día de clases un paquete de folios, se supone que para compensar el consumo de papel que realizarán a lo largo del curso. Mucho papel me parece a mí y más cuando yo vivía en la creencia de que estos gastos estaban incluidos en las tasas de matriculación; no obstante, dado que el coste no parece excesivo, está bien, aceptaremos paquete de folios como animal de compañía. Pero mi perplejidad comenzó cuando amplía la noticia detallándome que, independientemente del aporte del papel, si se pasan controles hay que abonar en metálico el importe de las fotocopias soporte del examen. Puedo asegurarles que este corresponsal jamás se vio expuesto a semejante práctica durante su etapa como estudiante de primaria y secundaria, sobre todo, porque los educadores afectos al plan del 57 tenían la sana costumbre de dictar las preguntas, norma mediante la cual se conseguía la doble utilidad de mejorar la caligrafía y la capacidad de atención y, a la vista de lo expuesto, debemos añadir la contribución al ahorro familiar. Más este asombro por lo relatado es "pecata minuta" en comparación a lo que sigue. Continúa contándome como un día su hija le explicó que la profesora había dicho en clase que la nota de cierta asignatura se vería complementada por actividades individuales de reciclaje. Este amigo vio desmoronarse su simpatía inicial con la tarea propuesta una vez su hija le puso al corriente de que las actividades individuales de reciclaje consisten realmente en recoger papeles, colillas y demás basuras. ¿Educandos recogiendo colillas? ¿Niños basureritos? Y el punto álgido lo alcancé al detallarme otra regla consuetudinaria. Presididos por su tutor, los alumnos discuten en asamblea cual es el color más idóneo con el que decorar las paredes del aula y, una vez decidido, hacen aportaciones para la adquisición de los enseres necesarios, pintura, brochas, rodillos...Más tarde, cual comuna bien avenida, se ponen manos a la obra y ¡hale! a enjabelgar la sala. ¿Paquetes de folios y fotocopias? Bueeeno, vaaale. ¿Barrenderos? ¡Oiga! ¡Oiga! Pero ¿tener que aportar dinero para comprar la pintura? ¿Dónde estamos? ¿Qué es esto? No por desconfianza hacia mi amigo sino por dudar de la interpretación que yo mismo hubiese podido hacer de lo que me contó, he contrastado con otros padres estas noticias y me las han confirmado. Ahora solo me queda enterarme si estos métodos son hábito común en una Comunidad que mantiene escolarizados gratis total a 80.000 magrebíes. Y la APA, ¡ni me la nombren! que estoy investigando sospechosos viajes de turismo.
La cita: La preocupación debe llevarnos a la acción y no a la depresión. (Karen Horney)