El día a día en los colegios españoles es, cada vez, más sobrecogedor. Agresiones, chantajes, violaciones y robos son peligros a los que nos podemos enfrentar en las zonas marginales de las grandes urbes. Ahora nos enteramos que esos mismos actos también están ocurriendo en el recreo de muchas de nuestras instituciones de enseñanza. Da risa pensar que, hace pocos años, causó un cierto escándalo en la opinión pública conocer la noticia de que en los colegios se seguían celebrando con cada inicio de curso las tradicionales novatadas; novatadas que, salvo algún caso protagonizado por el descerebrado de turno, se limitaban a arrojar huevos o pintura a los recién llegados. Si eso escandalizaba, ¿qué ocurrirá ahora cuando nos cuentan que se les somete a auténticas vejaciones?. Me produce terror imaginar que, compartiendo aula con nuestros hijos, pueden sentarse verdaderos delincuentes acostumbrados a llevar un arma en el bolsillo. Contratar vigilantes jurados por parte de la dirección de los institutos no es solución. Las cárceles rebosan de guardias y medidas electrónicas sofisticadas y, aún así, no se han podido evitar los ajustes de cuentas entre internos. Los padres no limitan su exigencia al aprendizaje; también quieren que la jornada escolar transcurra sin sobresaltos. Los pasillos del colegio no deben parecerse a la franja de Gaza. En la vecina Francia, insultar o agredir a un profesor es considerado delito. El pasado año, el Parlamento galo aprobó una ley que castiga hasta con seis meses de prisión a los estudiantes que causen ofensas o golpeen a los educadores. Anteriormente, la justicia solo protegía a los directores, pero la nueva ley incluye a profesores, conserjes o cualquier otro funcionario adscrito al centro. Por supuesto, los padres de alumnos que incurran en tales acciones sufrirán penas similares. La civilización occidental ha tenido como origen las culturas clásicas. De ellas proceden nuestro idioma y nuestras costumbres. Roma y Grecia han supuesto hitos difícilmente superables y, por ello, son referencias obligadas. Sus filósofos, literatos y matemáticos están vigentes. El estudio de su lengua, de su arte o de su legislación continúan en los programas escolares transcurridos más de dos mil años. Será difícil abrir un libro sobre cualquier materia en la que no aparezca un antecedente griego o romano y, sin embargo, hemos olvidado que para obtener estos logros fue fundamental la labor del magíster, de los instructores, de los gramáticos o de los retóricos. Podemos contemplarlos en los grabados de los edificios públicos o dibujados en la loza de la cerámica doméstica mientras imparten sus clases a un grupo de jóvenes, observándoles atentamente apoyados en su vara, la misma que usaban para impartir disciplina. El estudio supone abnegación y esfuerzo y, a determinadas edades, esas han sido siempre virtudes poco significativas. La sociedad actual suprimió el castigo corporal de las aulas eliminando la badana. Ahora que hemos minado la autoridad del educador no deben extrañarnos ni el nivel cultural de los alumnos ni su comportamiento. Yo creo que es mejor soportar la reprimenda del maestro que el acoso del compañero. Aquella será justa en la mayoría de las ocasiones mientras que este puede traer consigo una desgracia irreparable.
La cita: Veo los problemas y no veo la solución; esta es la tragedia de todos los que suspiran por una humanidad mejor. (Máximo Gorki)